Un poco de Disney, por favor

Dicen que ahora las niñas no quieren ser princesas. Que los príncipes azules en realidad son sapos y que el hada madrina es una tarjeta de crédito. 

Ya no se disfruta de la Naturaleza, se contamina. Las relaciones son tóxicas, llenas de celos, rencor e intenciones. La solidaridad es cuestión de números, las palabras son dardos envenenados y la amistad es compartir wifi.  Pobres almas en desgracia. 

Sin embargo, creo que aún hay, por suerte, mucha gente que busca un mundo ideal. Que ayuda a sus amigos, a los vecinos, a los necesitados… y, con sus acciones, les dice “hay un amigo en mí”. 

Gente que, a veces, sabe soltar los problemas a lo Hakuna Matata y disfrutar de colores en el viento. 

¿Qué hay de malo? A mí, un conejo me enseñó que, si al hablar no has de agradar, será mejor callar. Y día a día, lo aplico, evitando hacer daño a los que me rodean.

Y sí, por fuera pareceremos más sapos y ranas que príncipes y princesas. Pero, entendedlo de una vez, la belleza está en el interior. Que no hace falta tanto gimnasio, ni maquillaje, ni dinero… porque tu evangeline es una, y está ahí, en la segunda estrella a la derecha, y todo recto. 

Yo veo en ti la luz. En todos. Sé que se puede pasar de cero a héroe, que podemos ser un poco más genios geniales. Ciudadanos amables, solidarios, educados y un poco locos. Porque os diré algo: las mejores personas lo están.

Espero encontrar todavía muchos personajes Disney en mi día a día. Que sonrían, que crean, que conviertan la realidad en un cuento, porque sé que, actuando así, llegaremos hasta el infinito y más allá.