Tricantinos en busca de la vacuna contra el Covid-19

Tricantinos en busca de la vacuna contra el Covid-19

La búsqueda de una vacuna contra el coronavirus ha sido la prioridad científica durante este año. Al mismo tiempo que el virus SARS-CoV-2, causante de la COVID-19, comenzaba a expandirse por todo el planeta, de manera imparable, laboratorios de todo el mundo comenzaban una carrera contrarreloj para encontrar una vacuna. 

A pesar de que no hay ninguna vacuna española en el mercado, diferentes centros de investigación de nuestro país están investigando día a día por encontrar un remedio para frenar al virus. Por ejemplo, en la Universidad Autónoma de Madrid, se encuentra el Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC) donde, en el Laboratorio de Coronavirus, desde hace tres décadas estudian los coronavirus. Este laboratorio del CSIC puede tener la llave para una futura vacuna, como ya hizo con el SARS del 2002 y el MERS del 2012. 

El CSIC cuenta con tres proyectos de vacuna en desarrollo, dos de ellos en el CNB-CSIC. Uno de estos dos, a pesar de ser el menos avanzado de los tres, representa una señal de optimismo a nivel científico ya que contiene más información para atajar al virus de forma más completa. En ese equipo trabaja Sonia Zúñiga, viróloga e investigadora del CSIC y tricantina. 

Sonia Zúñiga, nació en Madrid y comenzó a vivir en Tres Cantos en el año 2001. Desde muy pronto, su vocación fue la enseñanza y fueron sus profesores de ciencias en la etapa escolar quienes le inculcaron la curiosidad científica. Estudió Ciencias Químicas en la UAM, y en el año 2001 comenzó su andadura en el Laboratorio de Coronavirus del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC), donde ha desarrollado su mayor parte de carrera como investigadora. Zuñiga lleva 20 años trabajando con coronavirus y estudiando distintos aspectos de estos virus con el fin de desarrollar estrategias para combatirlos.

“La vacuna de nuestro grupo está ahora mismo en una fase entre ensayos en cultivos celulares y esperamos comenzar pronto experimentos preclínicos en animales. (…) No hay nadie en el mundo que esté haciendo una vacuna como esta. Nuestra vacuna está basada en hacer ingeniería genética del virus. Es decir, reconstruimos el virus en el laboratorio y después le quitamos cosas. Le quitamos todo aquello que hace que el virus cause una enfermedad severa y todo aquello que hace que se disemine, de manera que al final nuestros candidatos a vacuna no van a causar ninguna enfermedad ni se van a poder diseminar en el organismo”, afirma Sonia Zúñiga, experta en coronavirus. 

Es posible desarrollar una vacuna si se consigue desactivar la parte del código genético que resulta dañina para las personas. Es decir, eligiendo aquellos trozos del genoma sin partes o genes virulentos.

La cuestión es que los coronavirus están basando en un lenguaje ARN. A diferencia del ADN, que suponen la base de un ser vivo completo, el ARN sólo son una parte concreta y no se puede trocear. Además, los coronavirus poseen uno de los genomas ARN más grande que se conoce. Todo ello resulta en un desafío y un inconveniente para la ingeniería genética de estos virus.

Por ahora, en Europa existen cuatro vacunas autorizadas para inocular a la población: Pfizer, Moderna, AstraZeneca y Janssen. Esta última es la más reciente, su aplicación consiste en una sola dosis y estará disponible, según la Agencia Europea de Medicamento (EMA), a finales del mes de abril.

El objetivo de las vacunas es preparar al cuerpo humano para defenderse del ataque. En este caso, se introducen fragmentos del material genético del coronavirus SARS-CoV-2 para generar una respuesta inmune. De modo que, si una persona entra en contacto con el virus, ya dispone de unos anticuerpos y células inmunes para defenderse. 

La Agencia Europea de Medicamento (EMA), ha certificado que todas las vacunas contra el COVID-19 son seguras y efectivas a partir de ensayos clínicos realizados. 

Zúñiga ha defendido la seguridad de las vacunas: “Las vacunas que ahora mismo se han aprobado para su uso son completamente seguras. Ha habido mucho más interés, muchas más ayudas de todo tipo, mucho esfuerzo, y eso ha permitido que en un tiempo récord tengamos ya vacunas que han pasado todos los filtros y requerimientos de seguridad de las agencias reguladoras”.  

A pesar de que las vacunas han evidenciado ser eficaces y seguras contra el virus, sigue habiendo muchos interrogantes sobre algunos aspectos que influyen en su capacidad para frenar la pandemia. 

«Hay que tener en cuenta que las vacunas que van más adelantadas parece que protegen de la enfermedad, pero no pueden demostrar su eficacia en evitar la infección. De hecho, teniendo en cuenta los resultados preclínicos en modelos animales y los datos que se van acumulando en los ensayos clínicos y con su administración a la población, es muy probable que no la eviten», señala Zúñiga. 

También en Madrid, el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA) se encuentra desarrollando una vacuna contra la COVID-19. En este proyecto se encuentra Alejandro Matía, otro tricantino que trabaja para encontrar la vacuna contra el coronavirus. 

Matía es tricantino de nacimiento. Realizó su etapa escolar en el Antonio Osuna y luego en el Jorge Manrique,  donde despertó su curiosidad científica y decidió estudiar la Carerra de Biología en la Universidad Autónoma de Madrid. En estos momentos, Alejandro Matía está desarrollando su Tesis Doctoral de Microbiología en el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA), donde desarrolla la vacuna contra el coronavirus. 

“Nuestra vacuna se basa en un virus con el que trabajamos habitualmente, Vaccinia virus, y en concreto, en una cepa atenuada que se llama MVA. Sobre este virus, introducimos uno de los genes del coronavirus y al utilizar esto como vacuna en una persona generaría inmunidad contra la proteína del coronavirus y en último término, contra el propio coronavirus”, explica Alejandro Matía. 

La vacuna que está desarrollando el INIA se basa en vectores virales. Es decir, utilizan un virus modificado genéticamente que no puede provocar la enfermedad, pero sí puede producir proteínas de coronavirus para generar una respuesta inmunitaria segura.

“Hay muchos tipos de vacunas. En nuestro caso, nuestra vacuna utiliza un vector viral, Vaccinia virus, y esto puede determinar resultados diferentes en una vacuna. En la vacuna de Pfizer, por ejemplo, utilizan un gen del coronavirus, en nuestro caso podemos utilizar uno, dos o combinaciones diferentes de estos genes y eso puede permitir un mayor espectro de protección frente al coronavirus”, concluye Matía. 

La carrera por vacunar al mayor número de personas en el menor tiempo posible es, sin duda, uno de los principales problemas a los que se están enfrentando los diferentes países. 

En los últimos meses cada vez son más los avances de varios proyectos españoles que avanzan hacia la creación de una vacuna contra el coronavirus y los expertos advierten de que tener una vacuna propia sería muy beneficioso para España.  

Las vacunas son la única manera de erradicar el virus de por vida, pero, mientras tanto, la mascarilla, la distancia de seguridad y el resto de las medidas sanitarias es lo más eficaz para acabar con el virus entre todos.