¿Se ha convertido la exigencia en tu peor enemiga?

La exigencia, sobre todo la auto exigencia, es un estupendo motor para conseguir muchas de nuestras metas, objetivos y sueños, y por esto en un primer momento la vemos como algo muy positivo. Es más, se nos educa para ello. Desde pequeños recibimos mensajes que nos dicen que debemos hacer esto y aquello, que debemos esforzarnos, que si puedes llegar a un sobresaliente siempre será mejor que un notable, etc. Normalmente, gracias a nuestro empeño y esfuerzo, a nuestra exigencia, conseguimos mucho en la vida y avanzamos obteniendo buenos resultados. Es por esto por lo que al final, cuando queremos conseguir algo, recurrimos a la exigencia. Así la exigencia se convierte en nuestro motor para todo, un gran motor para grandes resultados.

El problema es que poco a poco, casi sin ser conscientes, al final nos acabamos exigiendo tanto que la probabilidad de fracaso aumenta progresivamente sin darnos cuenta, y ahí empiezan los problemas.

Si la probabilidad de fracaso va en aumento, será muy probable que finalmente nos encontremos ante situaciones que nos generan mucho malestar y sentimientos negativos: tristeza, frustración, rabia, temor, culpa, etc. Ante este malestar la tendencia de una persona autoexigente suele ser la de iniciar un proceso de autocrítica.

Lo malo es que, en la mayoría de las ocasiones, cuando nos criticamos no lo hacemos de una forma objetiva y constructiva. En estos casos, cuando una persona exigente se critica suele hacerlo de una forma hostil, autodestructiva, de esa forma que nunca se atrevería a utilizar con alguien a quien quiere por el daño que podría provocar. Pero, sin embargo, a pesar de esto la persona autoexigente suele criticarse duramente.

Si nos castigamos con nuestra autocrítica de esta forma, al final nuestra autoestima se resentirá. La autoestima no es valer más o valer menor, es simplemente lo que nos queremos, lo que nos valoramos. Si nuestra autoestima es débil cada vez nos sentiremos más inseguros y con más ansiedad y sobre todo, cada vez nos sentiremos más tristes. El problema es que normalmente no nos quedamos ahí, nuestra auto exigencia nos hace creer que, si nos organizamos y si nos exigimos un poco más, al final lo conseguiremos. Por eso, al final volvemos a exigirnos, a crear nuevas normas: “la próxima vez lo que tengo que hacer es…”. ¿Y qué conseguimos con esto? Pues muy sencillo, aumentar cada vez más nuestra exigencia.

Es por esto por lo que la exigencia puede ser muy beneficiosa y si la aplicamos a nosotros mismos puede suponer un gran motor y ayudarnos a conseguir nuestros objetivos, a crecer. Pero la exigencia es como el Sol, es necesaria para la vida, para que las plantas crezcan, pero ¿qué pasa si el Sol es muy fuerte?, pues que todo se quema.

La exigencia es muy positiva pero también puede acabar siendo nuestra peor enemiga porque nos hace daño sin ser nosotros conscientes. En muchas ocasiones, además, un exceso de auto exigencia está detrás de muchos problemas o trastornos de ansiedad y baja autoestima. Así que ya sabes exígete, pero con cuidado.