PSOE | La nueva anormalidad

Llegó marzo de 2020, y con él, un periodo que nos ha dejado marcados y que recordaremos el resto de nuestra vida.

Después de una primavera de aislamiento social en la que la canción de Sabina ¿Quién me ha robado el mes de abril? se quedaba muy corta, conseguimos parar la curva de contagios. Todos nos felicitamos de esta pequeña victoria y empezamos a mirar con esperanza el verano.

Ya en ese momento los expertos alertaban de una segunda ola si no se cumplían las medidas de seguridad. Pero la conciencia social de la que hacíamos gala durante el confinamiento y el reconocimiento hacia nuestros sanitarios desapareció en el momento en el que se abrieron las playas.

Visto en perspectiva, lo que parecían pequeñas heroicidades diarias no eran más que restricciones que nos veíamos obligados a cumplir.

Y en este escenario, tras seis meses en los que el gobierno central estuvo trabajando, y una vez estabilizada la situación, se cedió la gestión a los gobiernos autonómicos. Algunos, con la Comunidad de Madrid a la cabeza, no habían dudado en criticar las medidas y reclamar que se les otorgaran las competencias.

Se inicia septiembre, el repunte y el curso escolar. Estas tres realidades absolutamente previsibles, han resultado inesperadas y letales para el gobierno del PP de Isabel Díaz Ayuso. Desde hace meses sabíamos que el próximo reto iba a ser la vuelta de vacaciones combinada con el regreso a las aulas. Y esa información parece que ha cogido totalmente desprevenida a la presidenta.

Tanto es así que, hasta dos semanas antes del inicio de las clases, los colegios e institutos de la Comunidad no tenían un protocolo. Hay que sopesar bien esto, porque no es baladí. Desde marzo hasta septiembre, seis meses, el Gobierno de la Comunidad de Madrid no ha hecho un protocolo para luchar contra la expansión de la COVID en los centros de enseñanza.

Y claro, como casi todo lo que se hace deprisa y corriendo, se ha hecho mal. En nuestro municipio muchos centros de enseñanza han recibido menos profesores de refuerzo de los que hacían falta, no se han provisto suficientes espacios para guardar la distancia de seguridad y se han tenido que juntar cursos.

La Comunidad de Madrid no ha sido capaz de imponer las restricciones necesarias (o no se ha atrevido) aun sabiendo que la segunda ola era inminente. Esta vez no ha pillado por sorpresa a nadie. Pero la excusa de anteponer la libertad individual frente al bien común ha conseguido que en Madrid la COVID vuelva a estar fuera de control. Una vez más Díaz Ayuso ha llegado tarde. Tan tarde como los rastreadores o profesores que prometió. Tan tarde que ha tenido que pedir ayuda al gobierno central. El mismo gobierno al que criticaba en mayo y al que reclamaba que le dejaran gestionar la crisis. La conocida frase de Oscar Wilde “Cuando los Dioses nos quieren castigar, escuchan nuestras plegarias” es en Madrid una realidad palpable.

Por si esto fuera poco, en Tres Cantos seguimos sin servicio de urgencias médicas en los centros de salud. En este punto, cabe preguntarse qué está haciendo nuestro Ayuntamiento. Desde el PSOE de Tres Cantos llevamos meses preguntando qué va a pasar con los centros de enseñanza, qué planes hay para proteger a los alumnos, cómo vamos a garantizar el máximo de horas presenciales posibles… No ha habido respuesta.

También hemos reclamado de todas las maneras posibles que abran de nuevo las urgencias. Pero no hay respuesta. Los concejales y el alcalde dicen que nadie les dice nada, y en lugar de ir a exigir explicaciones a los responsables autonómicos, mandan un email y quedan a la expectativa. Así llevamos meses de espera y desesperación. Para nosotros la educación y la sanidad son siempre prioridades, y ahora más que nunca. Para ellos no. Nos hemos ofrecido a ir juntos a la consejería, a firmar cuantos escritos sean necesarios solicitando las medidas oportunas para nuestros vecinos, pero tampoco hay respuesta.

Al final, los que decían que tendríamos que acostumbrarnos únicamente a las mascarillas y la desinfección, la “nueva normalidad”, hasta la llegada de la vacuna parece que se equivocaban. Al menos en Madrid, tendremos que acostumbrarnos, además, a urgencias cerradas, clases inseguras y medidas de prevención tardías e insuficientes. Esa será nuestra “nueva anormalidad”. Esperemos que termine pronto.