Podemos | Reencuentro fraternal

Con el esfuerzo de todas y todos estamos derrotando al “bicho”. Es verdad que aún nos queda mucho por hacer, pero ya se van viendo los resultados del esfuerzo y cada día que resistimos es un día menos que resta para la victoria.

Estamos inmersos en la más cruenta pandemia en décadas. Una crisis que comenzó a miles de kilómetros, en un lugar desconocido y que los efectos de la globalización nos la han puesto en el centro de nuestras vidas mientras nos lamíamos las heridas por la crisis económica. Pensábamos que no podía venir nada peor y ha llegado el COVID-19, quien nos ha demostrado que Murphy tiene razón y toda situación crítica es susceptible de agravarse. Y lo que es peor, nos ha cogido con unos servicios públicos devastados por la voraz e insaciable hambre de la especulación y la connivencia dolosa de políticos e instituciones.

Mientras nuestros mayores mueren en residencias privadas y la sanidad -también privada- cierra centros para ahorrar costes, quien nos está salvando es lo que queda de la sanidad pública con el apoyo de más servicios públicos como policía y bomberos. Sin olvidar por supuesto a los miles de trabajadores precarizados como transportistas, limpiadoras, cuidadoras o cajeras de supermercado, antes casi invisibles y ahora heroínas a las que nunca les agradeceremos suficientemente su sacrificio.

Nos hemos encontrado con la fraternidad

Nos está pegando duro pero no va a poder con nosotros. Esta vez no. Ni este virus cruel, ni el despiadado sistema neoliberal. Hoy no. Porque estamos recordando estrategias infalibles que teníamos olvidadas como apoyarnos en el vecino, levantar al que cae o, en definitiva, cuidarnos los unos a los otros. Estamos descubriendo que los problemas de los demás, son los nuestros. Nos hemos reencontrado con la fraternidad.

Ahora lloramos a nuestros seres queridos en la intimidad de nuestros hogares y dentro de poco lo haremos juntos, abrazados al aire libre. Pero después saldremos a decir y si hace falta a gritar, que lo público es nuestro, que es lo único que nos protege y que solo el pueblo salva al pueblo.

Pero mientras llega ese momento seguiremos confinados cumpliendo las directrices de nuestro Gobierno porque las tricantinas y tricantinos siempre hemos destacado por nuestro civismo y nunca ha sido tan sencillo como ahora demostrarlo quedándonos en casa. Porque no solo es nuestra obligación, sino también nuestro deber moral con quienes están en primera línea.

Cuando esto pase dentro de unas semanas, la vida no será igual y tendremos nuestra oportunidad de hacerla mejor para el futuro. Hasta entonces, ¡mucha salud y ánimo!