La relación entre las emociones, el sueño y el dolor

La relación entre las emociones, el sueño y el dolor

La amígdala es una estructura situada en el lóbulo temporal del cerebro de los mamíferos y está formada por diferentes núcleos. Pertenece a nuestro sistema límbico y está involucrado en muchas de nuestras emociones y motivaciones, fundamentalmente en aquellas que están relacionadas con nuestra supervivencia, como el miedo, la ira y el placer.

Para el control de esas emociones, la amígdala, se conecta con diversas áreas del cerebro como la corteza prefrontal medial (mPFC), quien es capaz de inhibirla para poder gestionar mejor esas emociones.

Cuando no dormimos lo suficiente o nuestro sueño no es de calidad, la mPFC pierde cierto control sobre la amígdala y hace que ésta esté más desinhibida, por eso, cuando dormimos poco estamos más irritables, saltamos con más facilidad y gestionamos peor nuestras emociones.

Digamos que nos paramos menos a medir las consecuencias de nuestros actos ya que nuestra parte más racional pierde fuerza respecto a nuestra parte más emocional. Por ejemplo, si en ese momento de poco descanso y falta de sueño nos entra hambre y alguien nos ofrece unos manolitos de chocolate o una manzana, probablemente elegiríamos lo primero.

Cuando ocurren estos cambios en la activación y conexión entre la amígdala y la mPFC, se ven afectados dos aspectos. 

Por un lado, la sensibilidad emocional, estamos más reactivos ante un estímulo y esto nos puede llevar a amplificar nuestras emociones negativas, por ejemplo, ante una misma situación se incrementa el estrés, la ansiedad y el enfado. Esto influye mucho sobre la evaluación sensorial y condiciona la experiencia de dolor y es un factor de riesgo para tener dolor persistente.

Por otro, la especificidad emocional, se altera la capacidad de discriminación ante diferentes estímulos, por ejemplo, somos peores reconociendo expresiones faciales. El dolor, al ser una percepción de amenaza, tenemos y percibimos dolor ante un número mayor de estímulos y más dolor ante estímulos iguales.

Esto significa que, ante una falta de sueño y descanso, nuestro umbral de dolor disminuye y necesitamos muchos menos estímulos nocivos para tener dolor.

Sin embargo, la falta de sueño altera otros factores responsables del dolor, uno es la disminución de los mecanismos analgésicos endógenos o sistema dopaminérgico y otro es la alteración y aumento de citocinas proinflamatorias.

El descanso es otro de esos importantes pilares de la salud. Dormir un mínimo de 7 horas al día es clave si queremos rendir, estar más tranquilos y tener menos dolor.