Javier Sanmiguel | Ecopolítica

Javier Sanmiguel | Ecopolítica

¿Ecología aplicada a la política o política aplicada a la ecología?, en cualquier caso, laecopolítica está de moda. La utilizan desde activistas ecologistas, a grandesmultinacionales del petróleo, todos ellos con el fin de gestionar la alarmante situación de degradación en la que se encuentra nuestro planeta. Eso sí, no todos con los mismos criterios ni intenciones. Mientras que los primeros denuncian una grave situación basándose en hechos cientificos y aportando soluciones técnicas, los últimos utilizan elgreenwashing -estrategia de mercadotecnia para mostrarse falsamente respetuosos con elmedio ambiente- y continuar con su negocio.

El modelo económico de nuestro sistema-mundo super industrializado, se basa en una absoluta falta de respeto hacia el medioambiente, hacia lo de todos. Separandodrásticamente a los seres humanos de los ritmos naturales. Por más que se quiera vestirde óptimo y eficiente, en realidad sobrevive gracias a una utilización expoliadora de lanaturaleza a quien utiliza como fuente de insumos para la producción y sumidero que absorba sus residuos. Expropiando las riquezas biofísicas sin compensación ni reposición y asumiendo que se trata de una fuente infinita de recursos, lo cual a todas luces es falso.

Ante esta situación, salvo los iluminados negacionistas, la inmensa mayoría de laciudadanía no nos cuestionamos la finitud de los recursos o la existencia del calentamiento global como una amenaza para la vida pero no compartimos una opinión común sobre las soluciones. Dicho de otro modo, confiamos en la ciencia, pero desconfiamos de la política.Y aquí es donde entra la ecopolítica que, alejándose de la manipulación polisémica, debearticular un consenso sobre las soluciones a aplicar, de modo que esta cultura de menosprecio a la madre Tierra, en donde las prácticas ecocidas de depredación ecológica están a la orden del día y nos han llevado a la grave situación que vivimos y que con seguridad irá empeorando, nos convenza de que deberíamos mostrar una actitud firme y comprometida en la defensa de nuestros ecosistemas desarrollando patrones sostenibles de interacción con la naturaleza, deconstruyendo nuestro comportamiento y modelando unproyecto contrahegemónico de transformación ecosocial.

Por duro que sea de asumir, es inviable el actual ritmo de consumo de usar y tirar denuestro mundo posmoderno y aunque mayoritariamente aceptamos que el actual estilo devida consumista nos están llevando al abismo y tenemos aceptablemente

asimiladas las 4 erres: reciclar, reutilizar, reparar y recuperar. La controversia viene con la quinta, reducir. Está erre cuesta más. No es fácil resistirse a un cambio de vestuario o teléfono cuando nuestra economía nos lo permite. Pero no nos queda otra y o nos adaptamos voluntariamente o el futuro nos lo impondrá. Y esto es lo que denominamosdecrecimiento, corriente defendida por relevantes estudiosos pero también por nuestrosjóvenes que consiste en la implantación de una economía sostenible en donde premie el equilibrio entre los seres humanos y la naturaleza, lo cual necesariamente implica menosproducción y consumo. Por más que nos quieran convencer los acaparadores de dividendos y sus cientificos a sueldo de ética laxa, pensémoslo bien, la teoría neoliberal del crecimiento infinito es incompatible con un planeta finito.

Este decrecimiento sostenible no pretende devolvernos a las cavernas sino vivir mejor con menos modificando el actual desarrollo cuantitativo a uno cualitativo adaptando el tamaño de la economía a la escala de la Tierra. Recordemos que nos estamos acercando a un grado de explotación que es el doble del aceptable por el planeta. Y por supuesto, apoyándose en una justicia medioambiental pero también social, pues parecería una broma de mal gusto pedir millones de personas que viven en el subdesarrollo y con quienes tenemos una deuda ecológica y moral que, sin más, limiten su consumo.

En definitiva, entre todos y usando la ecopolítica como herramienta, debemos encontrarsoluciones para modificar nuestros hábitos y desprendernos de este modo de vida equivocado que está provocando una deuda impagable con el futuro porque no olvidemos,también somos deudores de las generaciones futuras.