Javier Juárez | Somos fuertes, somos capaces

En el momento de escribir estas líneas, la encuesta de población activa refleja una caída del empleo de casi 300.000 mil personas en el periodo enero-marzo. El número de afectados por suspensiones parciales de actividad o por expedientes de regulación de empleo supera los 578.000 y 121.000 personas más buscan ahora un empleo. No pasaba nada igual desde 2012, cuando la gran recesión de 2008 alcanzaba su trágico cénit. Tampoco recoge, como reconocen los propios especialistas, lo peor de lo ocurrido durante esta pandemia donde hay que contabilizar las consecuencias de la pérdida de actividad y de la auténtica dimensión de los expedientes de regulación de empleo.

Es evidente que no podemos perder de vista la auténtica tragedia de esta crisis. Nada hay que palíe o mitigue la tragedia de tantas vidas perdidas, de la incapacidad real de despedir a nuestros seres queridos o del sometimiento de nuestras libertades básicas para la consecución de un objetivo común. Son días dolorosos que pondrán a prueba nuestras capacidades y la resistencia del sistema para reconstruirse con rapidez y determinación.

Desde las administraciones públicas debemos garantizar la salud de la población y, al mismo tiempo, realizar una apuesta decidida por el desarrollo de las actividades industriales y comerciales que limiten el impacto de esta tragedia sobre nuestras vidas. Debemos dinamizar la actividad económica generando liquidez para aquellos que, por su tamaño y actividad, están al borde de la desaparición.

A principios de marzo, existían en nuestro país más de 3,25 millones de trabajadores autónomos. De los 2,88 millones de empresas el 99,83% son pymes. Más del 54% del total no tienen asalariados y casi el 40% son microempresas de entre 1 y 9 trabajadores. Además, casi el 73% de todas las empresas se dedican al sector servicios, fuertemente golpeado por la crisis.

Ante esta situación nos corresponde desde el sector público actuar como un agente dinamizador de la economía creando incentivos a la inversión empresarial, promoviendo infraestructuras públicas y generando coberturas sociales que permitan la reactivación del consumo.

Gran parte de las medidas acordadas en el Pacto por el Impulso de Tres Cantos tienen como finalidad crear esas condiciones para la más rápida recuperación posible de lo perdido en esta crisis. Debemos asumir una convicción positiva de recomposición basada en el acuerdo y en el compromiso, en la mejora competitiva que active la maquinaria de la actividad industrial y comercial y en poner en manos de los tricantinos las herramientas para activar el consumo.

Las nueve medidas acordadas con la oposición, las asociaciones empresariales, los sindicatos y las organizaciones sociales cubren gran parte del espectro social afectado por la terrible crisis. Lo hace de una manera modesta porque nuestra capacidad económica como municipio es pequeña, pero esas medidas, sumadas a otras que deben realizarse desde la Comunidad de Madrid y desde el Gobierno de la Nación deben actuar de manera coordinada para dotar de eficiencia al gasto público y que éste actúe como elemento motivador de la actividad económica. Estoy seguro de que los comerciantes, los autónomos y los nuevos desempleados de nuestra ciudad aportarán todo el valor de su capacidad profesional para surgir más fuertes de esta crisis. La experiencia de lo ocurrido debe convertirse en un agente que nos motive para buscar de manera urgente soluciones eficaces en una dirección compartida. Hemos sido capaces de hacerlo antes; lo haremos ahora.