Fibromialgia, el silencioso dolor

Fibromialgia, el silencioso dolor

La fibromialgia es un síndrome de sensibilización central caracterizado por un dolor generalizado persistente acompañado de diferentes síntomas como la fatiga, alteraciones sensitivas, cognitivas y de sueño entre otras. Los dolores suelen ser cambiantes y por temporadas, pueden aparecen en diferentes zonas de cuerpo y ser muy limitantes.

¿Cómo identificar que uno o varios dolores se corresponden con un caso de fibromialgia? Según el Colegio Americano de Reumatología, los criterios diagnósticos son un número de áreas de dolor (WPI) igual o superior a 7, un valor de 5 o mayor en la escala de gravedad de los síntomas (SS) o bien, un WPI entre 3 y 5 acompañado de un SS igual o superior a 9.

Estas personas no deben presentar otras patologías que pudiesen explicar el dolor y estos síntomas deben persistir al menos 3 meses.

Los tratamientos farmacológicos en algunos casos alivian algo los síntomas, pero no son efectivos al 100%. 

En este punto entra en juego la fisioterapia, que ofrece tratamientos como punción seca, aplicación de radiofrecuencia, entre otros, y que son muy efectivos. Si además se combinan con ejercicio activo dirigido, se llevan la palma en cuanto a mejoría y logran mantener a raya los síntomas. Eso sí, cuando se comienza a hacer ejercicio dirigido es muy importante realizarlo en sesiones privadas y personalizadas hasta que se empieza a fortalecer la musculatura, momento en el cual los síntomas mejoran. Para entonces, ya sabemos ejecutar bien los ejercicios y podemos hacer la terapia en grupos pequeños. 

En Motriz abordamos, en este sentido, el trabajo con el Método Pilates Máquinas y los combinamos con otro tipo de ejercicios en función de cada persona, sus síntomas y su mejoría.

Según los estudios científicos el ejercicio activo, junto con la terapia conductiva conductual, constituye la mejor arma  para mejorar la Fibromialgia.

Asimismo, vemos ahora cómo cada vez va adquiriendo importancia otra rama de conocimiento: la educación en neurociencia del dolor como estrategia para la mejora de la sintomatología y la calidad de vida en personas con dolor persistente. Un nuevo artículo así lo corrobora tras mostrar efectos muy positivos en 85 personas con fibromialgia.

Al finalizar las sesiones educativas, eran 44 personas las que ya no cumplían con los criterios para considerar fibromialgia a su dolencia, a los 6 meses eran 47 y a los 12 meses eran 56.

Estos pacientes fueron instruidos en una reconceptualización del dolor, en saber que la experiencia dolorosa no está tan relacionada con el estado de los tejidos como con el procesamiento de la información nocioceptiva y con la evaluación cerebral de peligro para el organismo, así como con el papel de las creencias, el entorno, el aprendizaje. Teniendo en cuenta este importante papel de los expertos, podemos conseguir que, combinando esta terapia con los ejercicios, la consciencia corporal y las adaptaciones para realizar las tareas de la vida diaria, la calidad de vida de estas personas pueda mejorar de una manera muy significativa.

Entender, escuchar y saber dirigir y acompañar correctamente cada caso es la clave para lograr el éxito y mejorar la calidad de vida de las personas.