ENTREVISTA | Fran Fernández, orgullo tricantino

Francisco Fernández, actual jugador de waterpolo en el Club Natació Atlètic Barceloneta, comenzó su carrera deportiva en el Club Natación Tres Cantos con tan solo 6 años. En 2016, fruto de su trabajo y esfuerzo, consiguió el séptimo puesto en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro y, este año, participará en los de Tokio 2020.

¿Con cuantos años empezaste a jugar waterpolo?

Con 6-7 años, cuando nació el Club Natación Tres Cantos. Preguntaron a los niños y niñas de los cursillos de natación si querían probar a jugar al waterpolo. La anécdota es que preguntaron solo por mi hermano Sergio (dos años mayor). Yo era muy pequeño, tanto que tuve que esperar unos años hasta tener categoría para poder competir. Mis padres se enrocaron en que los dos o ninguno. Así fue como empezó mi historia con lo que hasta el día hoy ha sido y es mi vida. Todavía me sigo preguntando como he acabado donde estoy cuando odiaba tanto ir a la piscina, donde pasaba frío e incluso me daba un poco de asco.  

¿En qué equipo comenzaste a jugar?

Empecé en el Club Natación Tres Cantos, una etapa de la que guardo bonitos recuerdos. Éramos una familia. Un club humilde formado por grandísimas personas tiene un enorme mérito lo que hacen. A los 16 años estuve a punto de dar el salto a Cataluña, pero finalmente me quedé en el Real Canoe de Madrid. A los 18 años, al terminar el bachillerato firmé por el CN Atlètic-Barceloneta, club dónde he desarrollado prácticamente toda mi carrera profesional. 

¿Cuál fue la razón que te hizo inclinarte por este deporte? 

Antes de empezar el bachillerato mi padre me recomendó que eligiera uno de los tres deportes que practicaba para poder centrarme un poco más en los estudios. El waterpolo hasta entonces era el que me había dado más alegrías y el que mejor se me daba. A pesar de que me encantaba jugar al fútbol, el único que me permitía soñar con llegar lejos era el waterpolo. 

¿Por qué en tu perfil te llamas “mamba de ébano?

Todo empezó en mi etapa en Tres Cantos, dónde uno de mis entrenadores me llamaba hombre de ébano. El ébano es un árbol cuya madera es de color negro. 

A la hora de buscar un nickname para redes sociales se me ocurrió “mamba de ébano”. Es curioso que ahora haya gente que en el mundo del waterpolo me conoce y me llama así.

¿Qué se necesita para ser un buen jugador de waterpolo? 

Bajo mi humilde punto de vista, para empezar lo que se necesita es exactamente lo mismo que para cualquier otra actividad, sea deporte o no, en la que se quiera tener éxito: fuerza de voluntad, perseverancia, deseo y capacidad de sacrificio. A partir de aquí hay atributos físicos como mentales que favorecen. La combinación de un mayor número de ellos hacen que la calidad de un jugador sea más alta. Hay grandísimos jugadores en el circuito y no hay dos iguales. 

Cada país tiene una manera de jugar que lo identifica y jugadores que se adaptan a los diferentes estilos. Normalmente los estilos van de la mano de la constitución física de sus jugadores.
Antiguamente se pensaba que cuanto más alto y más fuerte mejor. Ha sido cuando los países balcánicos han dominado este deporte.
Basándome en la dirección que está tomando el deporte con el nuevo reglamento, los atributos que destacaría son los de jugadores que pueden desenvolverse en todas las facetas del juego, soportar las luchas y a la vez tener la velocidad y la agilidad para soportar el alto ritmo del waterpolo moderno. Hoy en día es vital tener una muy buena condición física, calidad técnica e imprescindible entender el juego. La diferencia entre los buenos de los mejores está en la calidad individual y sobre todo, en la inteligencia táctica. 

¿Qué sentiste al formar parte del equipo español en los JJOO de Rio 2016?

Sentí un gran orgullo, una enorme satisfacción, que cerraba el círculo. Cumplí uno de mis sueños, seguramente el más grande. Crecí con el sueño olímpico de Madrid y las candidaturas Madrid 2012 y Madrid 2016. Siempre soñé con disputar unos JJOO. 

Por edad calculaba que sería mi momento. Cuando en 2012 no entré ni en la preselección, empecé a mentalizarme que tal vez no lo conseguiría, pero en mi casa me enseñaron a no tirar nunca la toalla. 

Estar en Rio 2016 hizo que todo esfuerzo mereciera la pena. Me acordé de todo el camino, de todos los entrenadores, compañeros y rivales que tuve. Todos me ayudaron a crecer para llegar hasta allí.  

Pero sobre todo pensaba en mi familia, en mis padres, lo pasaron mal cuando me fui de casa. Ellos siempre me lo han dado todo. Siempre han aceptado que fuera detrás mi sueño y me han apoyado. Se lo debo todo a ellos, a mi familia.

¿Consideras que el waterpolo está suficientemente valorado?

En nuestro país vivimos bajo la sombra del fútbol, no hay tradición de waterpolo. Entiendo que cada deporte tiene tanto cuanto vende y al waterpolo le queda mucho camino por recorrer, especialmente en nuestro país. 

Mi deseo es ayudar a conseguir que con los años hayan cada vez más adeptos al waterpolo, más practicantes y algo más de visibilidad en los medios. Siento que los últimos éxitos de la selección nacional ayudan y mucho a este crecimiento. 

Ojala podamos acercarnos a países como Hungría, Croacia, Serbia y Montenegro, dónde llenan piscinas, retransmiten los partidos todas las semanas o les reciben como héroes cada vez que consiguen una medalla. Nosotros seguiremos haciendo todo lo que esté en nuestras manos.