EDITORIAL | Botellón en Tres Cantos los últimos jueves del mes

EDITORIAL |  Botellón en Tres Cantos los últimos jueves del mes

Tensión en las calles. Un pulso entre cierta juventud que desea reunirse y garantizar su derecho a tomar las calles para divertirse, frente a normativas urbanas dispuestas a terminar con todo tipo de escándalos en la vía pública. A simple vista puede parecer trivial, un asunto de adolescentes y jóvenes que reclaman diversión a granel.

Para muchos, la lectura del botellón es muy simple: es una cosa de críos que no tienen dinero o que quieren reunirse en la calle y no aceptan. Pero, ¿tiene el botellón una lectura simplista? Al menos en sus inicios, parece claro que muchos de los jóvenes que suelen acudir a estas citas nocturnas y de fin de semana, bolsa en mano con los ingredientes para un cubata colectivo y ambulante, sólo buscaban una alternativa económica a las fiestas de toda la vida. También surgieron para amenizar las noches en puntos de encuentro frecuentes: los aparcamientos de las macro-discotecas, reuniones informales en plazas o parques públicos.

Así, esos pequeños corros se convirtieron en plazas enteras o parques y descampados abarrotados de personas. El botellón se expandía y se establecía como un modo más de diversión. Pronto los vecinos empezaban a quejarse de la música, los residuos o el ruido producido. Ahora, el botellón se ha profesionalizado y ha convertido en una costumbre que gana adeptos por momentos; hasta llegar al macrobotellón

De ahí al botellón protesta absolutamente organizado y desafiante al que acuden no sólo los jóvenes que reclaman poder disfrutar de sus calles, sino todo tipo de actores violentos, expertos en convertir protestas en batallas campales. El problema está en que el botellón conlleva unos efectos secundarios que son reflejo tanto esa insatisfacción generalizada de la juventud.

Últimamente, los plenos municipales se podrían ubicar en esta escala ‘botellonera’, no sabemos en que estadio de la escala ubicarlo, pero lo que si sabemos es que, si el talante de todos los grupos políticos municipales no cambia, se llegará a situaciones bastante desagradables. Al final, los plenos se convertirán en “botellones protesta” con nuestros políticos municipales como protagonistas de estos, quizás pasarán a celebrarse en el Recinto Ferial y nos crucemos con alguno de ellos comprando hielo en la BP.

Confiamos en que la madurez, el talante y la responsabilidad de todos ellos tenderá a la cordura por el bien de la ciudad, a no ser que estemos ya en la “pole position” para 2023.