Los comienzos no son fáciles

Dicen que el mundo es de los que se atreven; aquellos que prueban cosas nuevas, crean una empresa, luchan por sus sueños… en definitiva, los que no se conforman.

Pero la verdad, es que estos “aventureros” están solos ante un agujero negro que amenaza con absorber sus energías, su tiempo, y su sustento. Las ayudas de la Administración son insuficientes, con requisitos imposibles y formularios más largos que la Historia Interminable. El público es caprichoso, y llegar a fin de mes depende del impulso del cliente más que del buen hacer. Por no hablar de los vaivenes de la Economía, que afectan a las familias, y, por ende, a los pequeños negocios, haciendo que los grandes sean aún más grandes a golpe de descuento. 

Para estos locos, el mayor apoyo son la familia y los amigos. Pero esto no está exento de preocupaciones: la responsabilidad de conseguir ingresos, el miedo al fracaso, el eterno “ya te lo dije”… presiones sociales que se unen al IBI, IVA, y Seguridad Social. 

¡Autónomos, luchadores, soñadores! Estas primeras palabras van para vosotros. Si, cada día os dejáis la piel, el alma, y lo que haga falta. Y es posible que, a veces, os falte el aliento; que perdáis la confianza, y que tengáis ganas de rendiros. 

Pero sé que no lo haréis. Porque lleváis el valor pintado en la cara. Porque la ilusión gana a la desesperanza. Porque al final todo sale bien. Porque, con callos en las manos, con la cara colorada del esfuerzo, con ojeras de las noches en vela… con todo ello, habréis conseguido ser los dueños de vuestro destino; ser los capitanes de vuestra alma. Y, si no, fijaos en Nelson Mandela: un loco, un soñador, un visionario; ese hombre que, simplemente, un día comenzó.