La ansiedad es una respuesta mental y física normal que experimentamos algunos en momentos de peligro, alerta o preocupación; por ejemplo, al hablar en público o ante una situación peligrosa mientras se conduce. Nos sirve para poder reaccionar mejor en esos momentos comprometidos ya que, sin un mínimo de activación ante una situación difícil no podríamos reaccionar rápida y eficazmente. Así, la ansiedad leve y puntual puede ayudarte a mantenerte alerta y concentrado para enfrentarte a escenarios complicados, por lo tanto, algo de ansiedad en determinados momentos no es siempre negativo. Consecuentemente, el propósito no es hacer que desaparezca, sino que el objetivo es aprender a controlarla y reducirla a niveles manejables y adaptativos.

Sin embargo, la ansiedad es uno de los trastornos más comunes por lo que se acude a psicoterapia. Cuando te encuentras nervioso, tenso o inquieto y esta situación es frecuente o se mantiene en el tiempo, entonces la ansiedad se convierte en un problema que produce sensaciones desagradables y te hace sufrir. Entre los síntomas físicos que puedes experimentar por la ansiedad, los más frecuentes son la rigidez o tensión muscular, sobre todo en espalda, cuello y hombros; sofocos o sudoración espontánea; temblores, taquicardias u opresión en el pecho; sensación de nudo en el estómago o nauseas; dolores de cabeza, visión borrosa o dificultades para respirar. Además, la ansiedad hace que tiendas a exagerar tus problemas, a preocuparte demasiado por las cosas que aún no han ocurrido, a esperar lo peor de las diferentes situaciones a las que te enfrentas, a sentirte incapaz de afrontar el día a día, … 

Pero, ¿qué mantiene a la ansiedad? Al notar los síntomas de la ansiedad, tenderás preocuparte cada vez más, a esperar dificultades que no podrás superar, a evitar situaciones difíciles, o a pensar que tienes algún problema o enfermedad física y que algo malo ocurrirá. Físicamente, tu cuerpo se habitúa a estar tenso en todo tipo de situaciones por lo que se crea un círculo vicioso que estabiliza, aumenta y agudiza la propia ansiedad. Así, como los síntomas son desagradables, te vuelves más sensible ante cualquier alteración física y te preocupas continuamente porque te pueda pasar algo malo, lo que te hace sentir aún más la ansiedad. 

Consejos de tu psicóloga para controlar y reducir la ansiedad

La ansiedad trae consigo sentimientos de infelicidad, depresión, irritabilidad, alteraciones de sueño, problemas sociales o de pareja, consumo de tóxicos, … Por ello, es muy importante que puedas controlarla para así evitar que aumente y se agrave. 

  • Intenta identificar el momento en el que empiezas a sentir los síntomas de la ansiedad. Esto te servirá para poder controlarlos. 
  • Trata de descubrir las causas de la ansiedad y actúa sobre ellas.
  • Intenta pensar de forma más racional y objetiva, así controlarás tus preocupaciones irracionales.
  • Haz un plan para dejar de evitar las situaciones difíciles; afróntalas sin prisas y paso a paso.
  • Ponte objetivos realistas, que sepas que puedes llegar a conseguir, y felicítate por lograrlos.
  • No intentes hacer todo a la vez. Decide qué cosas hay que hacer necesariamente y cuáles se pueden aplazar. 
  • El ejercicio físico te vendrá bien (pasear, natación, …).
  • Dedícate tiempo a ti mismo (quedar con amigos, visitar alguna exposición, ir al cine, …).
  • Aprende a relajarte.

Si siguiendo estos consejos sigues sintiéndote mal y no puedes controlar eficazmente la ansiedad no dudes en hablar con tu psicóloga, siempre será más saludable y recomendable pedir su ayuda que permitir que tus síntomas empeoren. Ella te guiará para que puedas superar la ansiedad y así podrás sentirte mejor día a día.