COCOON | Cuidar a los que nos cuidaron una vez, pero… ‘cada uno en su casa y dios en la de todos”

Las tareas rutinarias se convirtieron en un trabajo tedioso para el anciano, mientras la pérdida progresiva de movilidad y agilidad fueron transformando su día a día. Muchas familias comparten esta misma situación. Además, enfermedades como el Alzheimer, un ictus o un daño cerebral pueden cambiar la vida de la persona afectada y del pariente que asume su cuidado. El familiar no sabe cómo actuar o lo hace sobre la marcha, y la dedicación al enfermo le pasa factura física y emocional. Por ello, en muchas ocasiones, necesitan la figura de un mediador profesional que les ayude, asesore, acompañe y seleccione al cuidador más adecuado para su caso.

Hace unos meses José recurrió a Cocoon GOLD, una empresa especializada en el cuidado a ancianos y dependien- tes a domicilio, donde el Asesor Familiar les diseñó un plan que les permitió seguir con sus vidas: ‘Aprendes a delegar y a desconectar’, cuenta. Cuando suena el teléfono en Cocoon GOLD, Nieves Quiñones, Asesora Familiar, orienta al cliente tras conocer la situación (si la familia le visita asiduamente, no puede hacer las tareas del hogar…). Tras un informe completo y una búsqueda de perfiles exhaustiva para encon- trar a la persona idónea, en 72 horas el anciano puede tener un cuidador en casa.

‘Es importante estar atenta y dispuesta a solventar los cambios que vayan necesitando’, explica Nieves. Habla con cariño de sus clientes, a los que llama frecuentemente, y enfatiza en la importancia del seguimiento posterior para mediar e informar a la familia de cualquier necesidad que vaya surgiendo, como mejoras de prevención de accidentes en el hogar, pasamanos o apoyos en ducha, quitar alfrombras, o anticiparse a gestiones como las vacaciones del cuidador.

Mientras, el padre de José, recibe en casa a su Cuidador GOLD, como todos los días. ‘Aquí estoy’, le saluda con su andador a mano al oírle entrar. Desde que les presentó la Asesora Familiar en el domicilio, su relación es muy cercana. ‘Tengo casi más confianza con mi cuidador que con mi hijo y además hace que no me aburra como una ostra’, dice. Su voz llega desde el salón, mientras realiza los ejercicios diarios que le han enseñado. El no olvida que su hijo nunca le dejó sólo, pero en los últimos meses su estado de salud le estaba limitan- do mucho y afectando al ritmo de toda la familia. ‘Ahora todos estamos más tranquilos, cada uno en su casa y Dios en la de todos’ nos dice sonriendo.