¿Astenia primaveral o fatiga pandémica?

¿Astenia primaveral o fatiga pandémica?

Llega la primavera y con ella a muchas personas les llega el cansancio, la apatía, la tristeza, etc. La astenia primaveral no es un mito, el cambio en las horas de luz y el tiempo afecta a muchas personas. Para prevenirla se recomienda mantener unos hábitos de vida saludable: dieta equilibrada, ocho horas de sueño y realizar ejercicio moderado.

Pero si este año se hiciese una encuesta a la población general preguntando si tienen síntomas de astenia primaveral, seguramente aumentaría el número de casos. La razón no es por un aumento de la astenia primaveral, sino por la ya denominada fatiga pandémica.

Tras más de un año de pandemia, nuestra estabilidad emocional se ha visto afectada. Agotamiento, desilusión, aburrimiento, irritabilidad, cansancio, abandono del autocuidado, ganas de llorar, dificultades de atención y concentración, problemas de sueño, apatía e incertidumbre son los síntomas más habituales de esta fatiga pandémica.

Esta sintomatología que puede confundirse con un trastorno depresivo son consecuencia de todos los cambios en nuestros hábitos que venimos sufriendo Desde hace ya más de un año.

La falta de contacto social, el cambio en nuestras rutinas, sobre todo nuestras rutinas de ocio, la continua incertidumbre, las malas noticias y el exceso de información sobre la pandemia, el teletrabajo, el ver cómo se cierran negocios, tener tan cerca la muerte, entre otros, son la causa de esta fatiga emocional.

Si a estas situaciones le añadimos el miedo a contraer el virus, a que nos afecte de una forma grave y a las consecuencias económicas de un futuro, esta fatiga pandémica se extiende más rápido que el propio virus.

Para poder combatirla, o por lo menos que no nos afecte tanto se pueden seguir una serie de pautas.

En primer lugar, es importante preocuparse sólo por los problemas que están en nuestra mano resolver y dejar aparcados los que no dependen de nosotros. Centrarse en el propio trabajo y en aspectos como el autocuidado nos ayudarán a sentirnos mejor y evitará que derrochemos energía en cuestiones que no dependen de nosotros, como, por ejemplo, el que el resto de la gente cumpla las normas o que se avance en el proceso de vacunación.

Mantener unos hábitos de vida saludable, como la práctica de ejercicio, dormir las horas necesarias y alimentarse bien, nos ayudará a mantenernos emocionalmente sanos y por lo tanto menos vulnerables. Las rutinas nos aportan seguridad, si no podemos mantener las mismas rutinas que teníamos antes, podemos buscar nuevas que nos hagan la vida más sencilla mientras esta situación se mantenga.

Dedicarse tiempo para el autocuidado también nos ayuda a sentirnos mejor, cuidarnos a nosotros mismos y cuidar nuestro entorno, nuestra casa, en la que ahora pasamos más tiempo que nunca, nos ayudará a mantener alto nuestro estado de ánimo.

Es verdad que no podemos relacionarnos como antes, pero gracias a los avances tecnológicos, podemos organizar reuniones virtuales para así no perder el contacto con nuestros seres queridos. Ahora más que nunca estos contactos sociales tienen una función antidepresiva importantísima y por eso hay que intentar fomentarlos y no caer en el desánimo o en el aburrimiento.

Por último, no hay que olvidarse que es normal sentir tristeza y miedo en estos momentos, permitirnos convivir con nuestras emociones nos ayudará a gestionarlas y a que estas emociones negativas no se mantengan en un futuro.

Pero si el malestar es ya muy intenso y es incapaz de poner en práctica estas soluciones, el apoyo de un profesional de la psicología le ayudará a superar esta situación.

Artículo: Victoria Trabazo, Psicóloga