PSOE | Tiempo de pactos

Después de dos elecciones generales, dos intentos de investidura fallidos, un Gobierno en funciones durante más de 200 días (y creciendo), en definitiva; después de un año 2019 muy complicado políticamente, ya era el momento de que los líderes políticos salieran de las trincheras y empezasen a buscar el consenso en lugar del enfrentamiento.

El pasado 10 de noviembre nuestro país lanzó un mensaje claro; el PSOE debe gobernar España. Con 120 diputados, fue la primera fuerza a una distancia considerable de la segunda, el PP. Pero, y ahora… ¿qué?

Como ya ocurriera tras las elecciones de abril, las mayorías parlamentarias se antojan difíciles de consolidar. Ahora incluso más. Hace unos meses había posibilidades numéricas de un hipotético pacto entre el PSOE y Ciudadanos que nunca se llegó a plantear por la negativa rotunda de Albert Rivera. Curiosamente Ciudadanos ha sido, a posteriori, el partido más castigado por la repetición electoral, posiblemente debido a esta actitud.

En esta ocasión el tablero nos muestra una jugada aún más complicada; si excluimos el acuerdo PSOE-PP, hace falta el acuerdo de, al menos, tres partidos para que tengamos un presidente del gobierno.

Sin reincidir en cábalas que estos días llenan titulares y artículos, y de las que ya se ha escrito suficiente,

miremos un poco más allá y reflexionemos sobre qué nos estamos jugando. Hablamos de la estabilidad de nuestro país, tanto económica como política, de definir un modelo territorial, de blindar las pensiones, apostar por los servicios públicos y de seguir creando empleo.

Pero, además, hablamos de responsabilidad. Responsabilidad para no someternos a unas terceras elecciones en las que cada partido vuelva a mirar por sus intereses como si esto fuera una carrera de lanchas en lugar de ver que vamos todos en el mismo barco. Responsabilidad para no volver al enfrentamiento perpetuo destacando lo que nos diferencia en lugar de lo que nos une, o en buscar el entendimiento en lugar de la crispación. Y responsabilidad suficiente para demostrar que los políticos hemos entendido el mensaje (por segunda vez) de la ciudadanía: es momento de alcanzar acuerdos.

Mostremos generosidad, respeto por los votantes y por nuestro país. Consigamos una propuesta en la que muchos se puedan ver incluidos, representados o, al menos, no rechazados, y empecemos a hacer política en lugar de populismo. Gobernemos y dejemos gobernar, empecemos a negociar y proponer en lugar de negar y destruir. Miremos más por el conjunto y menos por cada uno y entendamos que estamos en un tiempo de pactos.