PSOE | (A)po(ca)lí(p)tica

Iniciamos nuevo año. Y el 2020 promete ser un año intenso, al menos en el plano político. La inminente investidura de Pedro Sánchez y la formación de un Gobierno pondrán punto y final a una época ya demasiado dilatada en el tiempo de un Ejecutivo en funciones, del bloqueo político y de la conformación de bloques antagónicos que se disputan, en la arena del debate ideológico, la confianza de sus votantes. Todo esto es legítimo en política, por supuesto. Forma parte de las reglas del juego que conocemos de antemano quienes dedicamos parte de nuestro tiempo, que le robamos a nuestras familias, y algunos de nuestros mejores esfuerzos y empeños en un objetivo que suele ser compartido.

El interés general, la búsqueda del bien común, el construir un mejor país para todos y todas sin dejar a nadie atrás, sin mirar para otro lado cuando los problemas se ciernen sobre nuestras agendas, ofrecer soluciones, gestionar de manera adecuada y eficaz lo público, lo que es de todos porque todos lo sostenemos con nuestro trabajo y nuestra implicación social. Ese es el horizonte de los que nos dedicamos, en diversos ámbitos, a la actividad política. No le faltan dosis de idealismo, porque para lograr llegar a la meta antes hay que imaginarla; tampoco podemos ser conformistas, quedarnos en lo cómodo porque simplemente parece que funciona. Ningún proceso es pluscuamperfecto, siempre surgen nuevas posibilidades de mejora que no debemos, no podemos, ignorar.

Lo que no es de recibo es la reacción violenta con la que algunos han recibido las últimas noticias sobre el acuerdo entre el PSOE y Unidas Podemos que permitirá conformar un Gobierno de coalición, algo a lo que ya estamos acostumbrados en gobiernos autonómicos pero no a nivel nacional. La exageración de estos dirigentes políticos busca un objetivo muy concreto: la radicalización subsecuente del discurso absolutamente simple, pobre.

Atrás quedan el análisis riguroso, la altitud de miras, la discusión crítica, el debate político. Es decir, la política. Y, en esta sociedad del espectáculo en la que vivimos, y que tan bien describió Debord, los focos, de los más llamativos colores, el ruido, de lo más potente y estridente, parece querer remitirnos a una escena apocalíptica, donde importa más lo fuerte que grite el mensajero que lo que dice el mensaje, donde importa más el quién que el qué, que el cómo y el dónde, que el para qué. No caigamos en esta tentación. No sea que un día suenen las trompetas del fin de los tiempos y no nos enteremos; entre tanto ruido, mucho mucho ruido, tanto ruido y, al final, por fin el fin, como bien rezan unos bellos versos del bueno de Sabina. Hagamos política, de la útil, la que mejora la vida de todos y todas, que de eso se trata y para eso nos han votado. 

Grupo Municipal Socialista de Tres Cantos